Consigna 1 Pablo Amadei
Les hablé con el corazón y me respondieron con edupunk. Hay que pasar el edupunk. El que apuesta al edupunk gana. Con el edupunk se come, se vive, se educa. Síganme, que el edupunk no los va a defraudar. Dicen que soy edupunk. ¿Qué les pasha chicos, están nerviosos? Edupunkeados.
Hay una mezcla de intriga, aventura, ver qué sale en todo esto. Escuchar una no clase, con un no profesor, no alumnos, no nada. Suena raro. Dispara la pregunta del millón. ¿Qué es esto de ahora? ¿Un no examen? ¿Tendremos una no nota?
Soy de la generación que estudió Comunicación con textos de Piscitelli fotocopiados. Tenerlo ahí frente a frente 10 años después es raro. Es de carne y hueso. A veces nos imaginamos a ciertos autores sobrehumanos. Y el tipo viene y te habla de edupunk cuando esperas que se siente con un power point. “Yo me hice Piscitelli” dijo por ahí y me quedó grabado. Edupunk choca. Contra nuestras estructuras, con las de la educación argentina, con limitaciones tecnológicas (¿alguien puede explicarme por qué no veo en mi compu lo que escribo en worldle?). Choca cuando uno quiere explicar a otros de que se trata todo esto. ¿Probaron el test de la abuela? Haganlo, inténtele explicar a la nona que cuernos es edupunk. ¿Dónde vamos a ir a parar con estos jóvenes de hoy en día?
Piscitelli consigue lo que busca: provocar, que todos hablen de su edupunk, para bien o para mal. Dentro de un par de años sabremos si ha sido un visionario o si todo quedará en la anécdota de 15 estudiantes gordos/as, pelados y/o canosos, viejos y cansados que se juntan a tomar una cerveza para recordar un no curso. Hoy el edupunk plantea demasiadas preguntas, la mayoría de ellas sin respuestas. ¿No se trata de eso la educación, acaso?
